domingo, 31 de julio de 2016

Sé que tengo que sentir lo que tengo que sentir, sintiéndolo. Pero a veces el cuerpo no me alcanza para contener tanto ardor, no soporto tanto corte filoso entre las tetas, ni la erosión sostenida de un nudo áspero, hecho con cuerdas de barco que quiere salir desde la campanilla y aprieta y empuja y desgarra y lastima y duele mas.

Una a una las partes de mi cuerpo te buscan y no te encuentran y se rompen, se quieren desprender del resto, se estiran y se retuercen tratando de tocar olores imaginarios, de besar canciones espesas. Una a una se rompen pero no se desprenden y quedan ahí, colgando, doliendo.

Busco que me arreglen , me reparen y me recompongan, porque con mis brazos a medio desprenderse no puedo. Porque mis dedos se enredan en mi pelo para calmarme las ideas que se me zambullen de forma sorpresiva en el cerebro y dan vueltas redondas, infinitas, como peces, sin salida. Mis dedos las quieren alcanzar y se desprenden, y los pierdo, y me duelen inútiles.

Y necesito que me despeinen y se lleven esas ideas como las madres mono se llevan los piojos. Y quiero que junten todas mis partes en un abrazo apretado para que vuelvan a su sitio. Y quiero que me cambien los labios mordidos de ansiedad y dejen en su sitio mordiscos hirviendo.

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