sábado, 11 de julio de 2015

a Jose

No se trata de él. Lo se. Siempre lo supe. Es una excusa con la que te hago perder el tiempo. Y pierdo mi tiempo en realidad, también lo sé.
Lo que necesito es saber qué necesito. No lo sé, no lo encuentro. Que tengo que estar bien conmigo para encontrarlo… bueno, tampoco sé que es lo que está mal conmigo. O si…
Las siete horas y cuarto del escritorio son agónicas. Ir más temprano implica salir antes, y como temprano no están los jefes, las horas de trabajo se reducen. No tengo nada concreto que hacer… o no lo logro concretar.
Quiero que llegue el fin de semana desde que apoyo la cabeza en la almohada en el último minuto del domingo. No me importa ir a trabajar los sábados. Cumplo el horario, como siempre, pero con menos presión. Pero sé que cuando salgo están los tambores. Son los tambores? los tamborileros? las bailarinas? el fuego? yo misma?
Es fin de semana. Y como el último, puedo dedicarlo a los juegos de seducción que tanto me gustan. Los barajo, los comparo, los miro sin ojos, hago una lista, los ordeno. Siempre arriba el menos posible. O el menos conveniente. Que quiero?
Quiero que llegue el fin de semana desde el primer paso de vuelta a casa. Salir a la calle a mirar con los ojos grandes.
Quiero que lleguen las 15:15hs. Quiero que llegue la hora de salir de ahí. Quiero leer un libro, tomar mate, escuchar música. No quiero trabajar. Por momentos me da un impulso… suena el celular y me absorbe durante otra hora.
No es que no tenga lo que quiero. No sé lo que quiero pero lo quiero ya. No quiero nada de lo que tengo.
El tema con él es que quiere algo que yo podría querer pero no ahora. La tamporalidad me consume. Hoy, ayer, mañana. Si, ya se, es solo hoy y eso… pero me desborda. no se cuando es hoy si cada segundo del futuro pasa al cementerio del pasado sin que me pueda dar cuenta. Que es ahora? ¿el día? ¿La hora? ¿la semana? ¿el minuto? o que haga en este minuto puede cambiarlo todo, o no cambiar nada. Que no lo puedo decidir, pero quizás si. puedo hacer lo mejor de ese momento. Y qué es lo mejor para ese minuto? la cabeza se me hizo un remolino retórico infinito.

Quiero estar bien. O mal. Pero quiero estar ahora. Disfrutar. En este momento quiero un beso. Casi no me importa de quien! Inaudito! correría, pero como que me da fiaca! Quiero gritar también! 

martes, 7 de julio de 2015

corazon hinchado

De un momento a otro, o con el paso del tiempo, o como sea, descubrió que el mundo era gigante, pero sobre todo que estaba lleno de gente. Gente de todos los tamaños y colores. Y que hay muchos más colores que los del arco iris.
Pero sobre todo descubrió que la felicidad podía ser difícil de contener en el corazón y se le iba por todo el cuerpo, que había mucha, para todos, y se multiplicaba de formas que ningún contador podría explicar. Pero que aunque no lo entiendan los economistas, la felicidad es una moneda de cambio universal... de muchos cambios.