Tic... tic, tic...
Tic... tic...
Crick... Crack...
Crush...
Una fisurita... Avanza... Recorre pausadamente la estructura. Se acelera.
De repente más de ellas entran en escena, tímidamente y para cuando quiero seguirlas chocan unas contra otras como ríos colorados, forman islas que se desprenden, caen al suelo y se hacen polvo.
Todo es barro de sangre y arcilla, un terremoto mudo que tira abajo piernas, brazos, cabeza.
Todo es una pila de escombros mojados, con una guirnalda de dientes blancos y una antorcha humeante por remate que me quema las manos y no puedo soltar.