sábado, 6 de enero de 2018

Me volví tan mía que no me presto.

Me volví tan mía que no me comparto.

Nadie quiere sentir dolor, nadie quiere problemas, pero son los que nos unen. Las dificultades son las extremidades sentimentales que nos abrazan a los demás. Dendritas emocionales que nos conectan. Raíces directo al centro de los otros, que atraviesan la corteza de las fotos de las vacaciones.

Hola. Tengo miedo.


lunes, 11 de diciembre de 2017

domingo, 24 de septiembre de 2017

reseña en primera persona

Conozco más a los teloneros. Ya empezaron a tocar. Casi nadie los escucha así que consigo una buena ubicación desde donde veo a toda la ban... ¡¿Quién es ella?! Ese bajo sobrepasa su humanidad, pero ella lo posee con un gesto de obviedad. No sabe que hace magia. Mis pupilas rebotan del frontman con aire de Charly García a mi más reciente descubrimiento. No puedo dejar de verla.

Terminaron y pienso que este público es muy joven. Tanto que sus estaturas resultan ventajosas. Si esos dos no se callan los voy a matar: los comentaristas son para el fútbol.

Ella está llegando. Siempre nos pasa lo mismo y terminamos viendo el show separadas. Igual la busco entre la gente, a ver si esta vez... ¡¿Qué?! ¿Que hace él acá? Que raro, ¿Estoy viendo bien? Parece que mira, lo saludo y veo. Si, me saludó, justo antes de que ella se siente su lado. No hubiera dicho que le gustara esta banda.

Ella ya se rindió y otra vez estamos en puntos opuestos de la sala. A mi alrededor hay cada vez más chiquilines y menos desodorante. Acá se va a armar y temo por mi vida.

Él está en el palco, con una mina.

Empezaron. Pienso que los adolescentes saltan aunque vayan a ver a Eduardo Mateo (más allá del anacronismo).

¡Bajó del escenario, está acá! Me llega a la barbilla a duras penas. Tiene el cuello largo, ya lo había visto. Mueve su pequeña cabeza y lo dobla como si no soportara el peso. No puedo dejar de verla, aunque sea de espaldas. Sonríe por momentos mirando para el costado a sus amigos. No puedo dejar de mirarla. ¿Está con ella? -"Perdón" empujo, por efecto dominó. Si, está con ella. Pero su cabeza redondita, con el pelito corto y las pequeñas crestas que hacen los remolinos... Parece un dibujito. Tiene las mejillas pecosas y los ojos transparentes. No puedo dejar de mirarla. Salta. Saltamos todos: adolescentes transpirados y una veterana perdida.

Podría haber sido yo. Estaría en el palco, atrás de una placa transparente y a unos cinco metros del suelo, lejos de los olores y la humedad de los cuerpos. 

Pintó descontrol. Se arma un espacio redondo que colapsa al choque de remeras mojadas y torsos desnudos. Creo que uno cayó, ¿Lo pisaron? Ya se habrá levantado. Saltamos todos. Me descalzaron una zapati... Las dos zapatillas. Salto. Perdí una. La persigo y me río, intentando que mi media blanca no toque el piso.

Ya estoy grande para esto. Voy a la barra a tomar algo y no voy a poder volver. Acá está mi generación. Toman, gritan un poco, disfrutan quietos. Espío el palco. Él está tan #sabadoveintitres.

Termino mi vaso y no me puedo quedar acá atrás... yo vuelvo, ya fue. Ahora un poco alcoholizada no me para nadie. Salto más alto, empujo, ya no me tiran ni me sacan las zapatillas. ¿Nadie salta ahora? Gritemos entonces.

Transpiro.

Perdí una caravana.

Entendí el pogo.

sábado, 16 de septiembre de 2017

viernes, 8 de septiembre de 2017

El mundo ya está lleno. Estamos todos apretados intentando sacar la cabeza, para ver mas lejos, para estar más alto, de lo que sea, como sea. YO.

Hay demasiados músicos, y demasiados humoristas. Está lleno de arquitectos. Mucha gente haciendo malabares sobre la cuerda floja mientras recita a Neruda.

Cla cla cla, las teclas mientras escribo, como si fuera diferente, otra tarada que escribe.

Tarada, tarada, tarada, soy tarada. Eco.
No es que las palabras me convenzan, me informan. De tarados también está lleno.

Pero mi pozo húmedo y oscuro está vacío. Al lado de más pozos húmedos y oscuros igual de especiales. Todo lleno de pozos.

Y entre tanto de lo mismo quisiera ser al menos masa. Querer ser masa. Parte.

viernes, 1 de septiembre de 2017

que flaquita

Le pedí que me diga qué hago bien. Le parece importante que viva sola y me mantenga sola.

La soledad la hago bien, llevo una vida cultivándola y vino grande, con hojas verdes y brillantes, no para de crecer y dar sus frutos: los "yo puedo sola". Para ella tienen un sabor dulce y poderoso. Yo los cómo porque son la base de mi dieta lo único que crece en este desierto emocional.

Dicen que hay que comer variado.
Me acuerdo de esa noche. Me dijiste que te faltaba una red que te sostenga si caías. Me tomé un taxi para abrazarte. No podía ser red y cuanto menos compartirte la mía.

Se me rompió.

Dicen que me acuerdo de vos en los peores momentos. Yo sé que no es así, pero esta vez coincide.

Se me rompió. No es igual a no tenerla, no estoy en tu lugar, pero de alguna forma estoy más cerca. Si me caigo ya no sé si aguante. Creo que si me caigo nos vamos todos, acróbata y red, a toda velocidad al fin del abismo. Que ironía, porque ya me siento ahí, en el fondo, y sin embargo todavía queda por caer.

Caer nunca me hizo gracia, nunca fue el plan, así fuera sobre un apretado entramado de cuerdas. Pero ahora es más que no querer y el orgullo de seguir en pie. Es saber que si caigo no es sola.
Mi único mérito comprobable es mantenerme con vida y ya no sé por cuanto.