jueves, 29 de marzo de 2018

agujas

Supe que tenes miedo a las agujas*. Yo también pero, cuando lo pienso bien, no. Es SOLO una aguja, va a perforar estar un ratito y salir.

Cuando es SOLO eso todo el miedo se va:
es SOLO un aterrizaje, ya pasa;
si me roban son SOLO cosas;
la muerte es SOLO morirse.

Le tengo miedo a las cosas importantes como que se mueran otros, olvidar sus rostros o que te vayas.







*Sabiendo esto, pienso que fuerte debió ser la necesidad de ese tatuaje.

verbos

Quiero pasar con vos el resto de mi vida.
No sé qué querré el resto de mi vida.

martes, 20 de marzo de 2018

Espero que respondas. Mientras, pienso, no se me vaya a pasar un minuto. Pienso, como no puede ser de otra manera, en vos y porqué quiero -necesito- que me respondas.

Me visualizo cosiendo un patchwork humano que cubra el hueco.

Terminé la facultad. No el año lectivo, la carrera. Puede que suene dramático, pero la vida no tiene sentido, no hay función que me justifique. Puede parecer estúpido, pero creo que por eso adopté a Lola. Un gato me fuerza a mantenerme viva. Me excusa como: -"¿Porque existo? Porque ¿quién cuidaría de Lola sino?"

Dicen que si presionás un huevo por los extremos no se rompe. Hay un experimento del que leí pero nunca hice: dejando la cáscara del huevo en vinagre se queda frágil, que le quita el calcio o algo así. Pobre huevo, ahí, sin su clara, sin su yema, sin su calcio, haciéndose pedacitos.

martes, 23 de enero de 2018

simple y sin metaforas

Hoy llamó de nuevo. Bueno, lo llamé yo después de su "Podés hablar?".
"No será otra vez que no puede abrir WhatsApp en la compu" esperé, parecía algo serio. Pero no, sólo un escalón generacional entre lo importante y el respeto dramático. Y no, no era WhatsApp, era Spotify.

Tres llamadas... La primera fue por Facebook.
Nunca para saber cómo estamos.

Me repito que es práctico.

Me siento sola.

sábado, 6 de enero de 2018

Me volví tan mía que no me presto.

Me volví tan mía que no me comparto.

Nadie quiere sentir dolor, nadie quiere problemas, pero son los que nos unen. Las dificultades son las extremidades sentimentales que nos abrazan a los demás. Dendritas emocionales que nos conectan. Raíces directo al centro de los otros, que atraviesan la corteza de las fotos de las vacaciones.

Hola. Tengo miedo.


lunes, 11 de diciembre de 2017

domingo, 24 de septiembre de 2017

reseña en primera persona

Conozco más a los teloneros. Ya empezaron a tocar. Casi nadie los escucha así que consigo una buena ubicación desde donde veo a toda la ban... ¡¿Quién es ella?! Ese bajo sobrepasa su humanidad, pero ella lo posee con un gesto de obviedad. No sabe que hace magia. Mis pupilas rebotan del frontman con aire de Charly García a mi más reciente descubrimiento. No puedo dejar de verla.

Terminaron y pienso que este público es muy joven. Tanto que sus estaturas resultan ventajosas. Si esos dos no se callan los voy a matar: los comentaristas son para el fútbol.

Ella está llegando. Siempre nos pasa lo mismo y terminamos viendo el show separadas. Igual la busco entre la gente, a ver si esta vez... ¡¿Qué?! ¿Que hace él acá? Que raro, ¿Estoy viendo bien? Parece que mira, lo saludo y veo. Si, me saludó, justo antes de que ella se siente su lado. No hubiera dicho que le gustara esta banda.

Ella ya se rindió y otra vez estamos en puntos opuestos de la sala. A mi alrededor hay cada vez más chiquilines y menos desodorante. Acá se va a armar y temo por mi vida.

Él está en el palco, con una mina.

Empezaron. Pienso que los adolescentes saltan aunque vayan a ver a Eduardo Mateo (más allá del anacronismo).

¡Bajó del escenario, está acá! Me llega a la barbilla a duras penas. Tiene el cuello largo, ya lo había visto. Mueve su pequeña cabeza y lo dobla como si no soportara el peso. No puedo dejar de verla, aunque sea de espaldas. Sonríe por momentos mirando para el costado a sus amigos. No puedo dejar de mirarla. ¿Está con ella? -"Perdón" empujo, por efecto dominó. Si, está con ella. Pero su cabeza redondita, con el pelito corto y las pequeñas crestas que hacen los remolinos... Parece un dibujito. Tiene las mejillas pecosas y los ojos transparentes. No puedo dejar de mirarla. Salta. Saltamos todos: adolescentes transpirados y una veterana perdida.

Podría haber sido yo. Estaría en el palco, atrás de una placa transparente y a unos cinco metros del suelo, lejos de los olores y la humedad de los cuerpos. 

Pintó descontrol. Se arma un espacio redondo que colapsa al choque de remeras mojadas y torsos desnudos. Creo que uno cayó, ¿Lo pisaron? Ya se habrá levantado. Saltamos todos. Me descalzaron una zapati... Las dos zapatillas. Salto. Perdí una. La persigo y me río, intentando que mi media blanca no toque el piso.

Ya estoy grande para esto. Voy a la barra a tomar algo y no voy a poder volver. Acá está mi generación. Toman, gritan un poco, disfrutan quietos. Espío el palco. Él está tan #sabadoveintitres.

Termino mi vaso y no me puedo quedar acá atrás... yo vuelvo, ya fue. Ahora un poco alcoholizada no me para nadie. Salto más alto, empujo, ya no me tiran ni me sacan las zapatillas. ¿Nadie salta ahora? Gritemos entonces.

Transpiro.

Perdí una caravana.

Entendí el pogo.