domingo, 24 de septiembre de 2017

reseña en primera persona

Conozco más a los teloneros. Ya empezaron a tocar. Casi nadie los escucha así que consigo una buena ubicación desde donde veo a toda la ban... ¡¿Quién es ella?! Ese bajo sobrepasa su humanidad, pero ella lo posee con un gesto de obviedad. No sabe que hace magia. Mis pupilas rebotan del frontman con aire de Charly García a mi más reciente descubrimiento. No puedo dejar de verla.

Terminaron y pienso que este público es muy joven. Tanto que sus estaturas resultan ventajosas. Si esos dos no se callan los voy a matar: los comentaristas son para el fútbol.

Ella está llegando. Siempre nos pasa lo mismo y terminamos viendo el show separadas. Igual la busco entre la gente, a ver si esta vez... ¡¿Qué?! ¿Que hace él acá? Que raro, ¿Estoy viendo bien? Parece que mira, lo saludo y veo. Si, me saludó, justo antes de que ella se siente su lado. No hubiera dicho que le gustara esta banda.

Ella ya se rindió y otra vez estamos en puntos opuestos de la sala. A mi alrededor hay cada vez más chiquilines y menos desodorante. Acá se va a armar y temo por mi vida.

Él está en el palco, con una mina.

Empezaron. Pienso que los adolescentes saltan aunque vayan a ver a Eduardo Mateo (más allá del anacronismo).

¡Bajó del escenario, está acá! Me llega a la barbilla a duras penas. Tiene el cuello largo, ya lo había visto. Mueve su pequeña cabeza y lo dobla como si no soportara el peso. No puedo dejar de verla, aunque sea de espaldas. Sonríe por momentos mirando para el costado a sus amigos. No puedo dejar de mirarla. ¿Está con ella? -"Perdón" empujo, por efecto dominó. Si, está con ella. Pero su cabeza redondita, con el pelito corto y las pequeñas crestas que hacen los remolinos... Parece un dibujito. Tiene las mejillas pecosas y los ojos transparentes. No puedo dejar de mirarla. Salta. Saltamos todos: adolescentes transpirados y una veterana perdida.

Podría haber sido yo. Estaría en el palco, atrás de una placa transparente y a unos cinco metros del suelo, lejos de los olores y la humedad de los cuerpos. 

Pintó descontrol. Se arma un espacio redondo que colapsa al choque de remeras mojadas y torsos desnudos. Creo que uno cayó, ¿Lo pisaron? Ya se habrá levantado. Saltamos todos. Me descalzaron una zapati... Las dos zapatillas. Salto. Perdí una. La persigo y me río, intentando que mi media blanca no toque el piso.

Ya estoy grande para esto. Voy a la barra a tomar algo y no voy a poder volver. Acá está mi generación. Toman, gritan un poco, disfrutan quietos. Espío el palco. Él está tan #sabadoveintitres.

Termino mi vaso y no me puedo quedar acá atrás... yo vuelvo, ya fue. Ahora un poco alcoholizada no me para nadie. Salto más alto, empujo, ya no me tiran ni me sacan las zapatillas. ¿Nadie salta ahora? Gritemos entonces.

Transpiro.

Perdí una caravana.

Entendí el pogo.

sábado, 16 de septiembre de 2017

viernes, 8 de septiembre de 2017

El mundo ya está lleno. Estamos todos apretados intentando sacar la cabeza, para ver mas lejos, para estar más alto, de lo que sea, como sea. YO.

Hay demasiados músicos, y demasiados humoristas. Está lleno de arquitectos. Mucha gente haciendo malabares sobre la cuerda floja mientras recita a Neruda.

Cla cla cla, las teclas mientras escribo, como si fuera diferente, otra tarada que escribe.

Tarada, tarada, tarada, soy tarada. Eco.
No es que las palabras me convenzan, me informan. De tarados también está lleno.

Pero mi pozo húmedo y oscuro está vacío. Al lado de más pozos húmedos y oscuros igual de especiales. Todo lleno de pozos.

Y entre tanto de lo mismo quisiera ser al menos masa. Querer ser masa. Parte.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Le pedí que me diga qué hago bien. Le parece importante que viva sola y me mantenga sola.

La soledad la hago bien, llevo una vida cultivándola y vino grande, con hojas verdes y brillantes, no para de crecer y dar sus frutos: los "yo puedo sola". Para ella tienen un sabor dulce y poderoso. Yo los cómo porque son la base de mi dieta lo único que crece en este desierto emocional.

Dicen que hay que comer variado.
Me acuerdo de esa noche. Me dijiste que te faltaba una red que te sostenga si caías. Me tomé un taxi para abrazarte. No podía ser red y cuanto menos compartirte la mía.

Se me rompió.

Dicen que me acuerdo de vos en los peores momentos. Yo sé que no es así, pero esta vez coincide.

Se me rompió. No es igual a no tenerla, no estoy en tu lugar, pero de alguna forma estoy más cerca. Si me caigo ya no sé si aguante. Creo que si me caigo nos vamos todos, acróbata y red, a toda velocidad al fin del abismo. Que ironía, porque ya me siento ahí, en el fondo, y sin embargo todavía queda por caer.

Caer nunca me hizo gracia, nunca fue el plan, así fuera sobre un apretado entramado de cuerdas. Pero ahora es más que no querer y el orgullo de seguir en pie. Es saber que si caigo no es sola.
Mi único mérito comprobable es mantenerme con vida y ya no sé por cuanto. 

miércoles, 2 de agosto de 2017

transacciones III (polvo sobre libros)


Vas a mirar fijo esta mañana
como aprietan mis vaqueros
esculpiendo curvas áureas
dónde anoche en blandas olas
piel naranja se hamacaba.

Voy a despertar antes y verte
conversando con Morfeo
balbuceando estupideces
con la boca astuta y fina
que de día me enloquece.

Intercambio justo de palabras
por rincones de mi cuerpo
que nunca le muestro al sol.

Polvo sobre libros, me da igual,
prisionera voluntaria
de un corral intelectual.

Fingiré interés en tu organismo
para ver como hábilmente
destrozas mis principios
(y los vuelvo a levantar)

No paro de hablar y vos tampoco
mas, si me agoto,
te sé callar

Vas a mirar fijo esta mañana
como aprietan mis vaqueros
esculpiendo curvas áureas.
Voy a despertar antes y verte
y moverme muy segura
de no estar cuando despiertes.

lunes, 31 de julio de 2017

pensamiento inutil II: Quisiera morir

Quisiera morir.
No con instinto suicida de destruir mi cuerpo, sino dejar de existir.
Comenzaría por tomar un bisturí afilado y quitar esa parte de materia gris que todo lo analiza. ¿O será blanca? Por si a caso la tajada entera, principalmente las regiones ¿Quién soy? y ¿Dónde voy? reconocibles a simple vista por un desgaste mayor que  un ómnibus de línea. Hay una región aledaña, al menos en mi mapa mental de mi mente, que me detesta. Si esa parte sufriera algún daño colateral yo misma desaparecería bastante. Que parezca un accidente.
Si hechas estás modificaciones ya hubiera olvidado mi propósito, solicitaría al lector un último toque de gracia: los resentimientos a mi pasado pueden quitarse, no los necesito donde voy. 
Apuesto que para entonces ya no voy a estar acá: los cuestionamientos hoy incesantes se habrán detenido (esto puede medirse con la actividad cerebral que se verá reducida a una ínfima parte de la actual), con la consecuente ganancia de memoria antes subordinada a tareas inútiles como el análisis del comportamiento humano o la observación de detalles estéticos irrelevantes. Las glándulas lacrimales serán solo un apéndice de los ojos, prácticamente inútiles; la garganta será clara y pausada, quizás menos aguda; la postura será elegante.
Eso sí, les ruego mantengan mi cara en su sitio, más que nada la sonrisa, que está funcionando bien, no precisa mantenimiento y, hechos los ajustes anteriores, se habrán desinstalado la sonrisa falsa y otras expresiones involuntarias no tan bienvenidas.
Quizás a estas alturas los latidos hayan disminuido tanto que no estén: tarea cumplida. Si pestañeo estoy bien. Que el tema del corazón no los preocupe, he visto a muchas personas vivir así: muertas.