refleja la lámina de un cielo de zinc;
lejanas bandadas de pájaros manchan
el fondo bruñido de pálido gris.
Rubén Darío, Sinfonía en gris mayor
Quizás el amor es gris. Quizás no es rojo pasión sino gris. Quizás estemos tratando mal al gris. Quizás estemos tratando mal al amor.
Tímido por excelencia, tan elegante, tan imprescindible, tan invisible y tan noble. El gris no aparece en demasiadas banderas, protestas o festejos. Quizás estemos tratando mal al gris.
Amarte es gris. Un gris melange, mezcla de minúsculas y variadas fibras de color. Amarte es gris, sin sobresaltos. Amarte es gris y aunque suene aburrido es hermoso porque amarnos gris no precisa vernos: todo está en la forma, en el tacto. Te amo gris como esta mañana, y esos pantalones que me encantan.
No quiero la cola de un pavo real, el brillo de las bolas de espejos, las sirenas de los patrulleros. Quiero mañanas grises, las mejores para desayunar sin prisa. Te amo sin prisa. Amarte es gris. Amarte está todo pintado de gris, seguro, tibio y romántico gris, donde "parece que un suave y enorme esfumino [de tu cuerpo y el mío] borrara el confín"
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