Diciembre me paraliza, como un conejo frente a un león.
Soy como un conejo ciego. El león es un gato grande que juega con su presa... ¿Atacará? ¿Estará jugando? El conejo muere infartado por la incertidumbre.
Diciembre me paraliza como un conejo frente a casi cualquier ser vivo de su peso o más.
Soy como un conejo rodeado. Huelo el ataque en todos lados. No sé cual es mi enemigo, todos son mi enemigo. Una cebra vegetariana, un perro con hambre, una hoja que mueve el viento... miedo.
Soy como un conejo paralizado. Se paralizan mis ojos, mis músculos, mi estómago, mi garganta, mi sangre. Mis neuronas en tráfico constante, capaces de alimentar Paris.
Soy como un conejo pero no soy un conejo y tengo que ir a trabajar, comprar, hablar con otros seres humanos y continuar con el acuerdo tácito que soporta nuestro modo de vida. Pero mis ojos, mis músculos, mi estómago, mi garganta, mi sangre no cooperan y me parezco más a un zombie que arrastra un conejo muerto al final de una cuerda. No se puede correr con un conejo muerto atado a una cuerda.
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