martes, 28 de abril de 2015

La camisa, blanca. El pantalón, negro. Los zapatos, brillantes. Miraba el papel con esa tranquilidad silenciosa. Un silencio intranquilo, porque miraba el papel. El papel con números que no decían nada para quien no supiera mirar. Decían que el precio era alto, si no se mira bien. Pero si se leía con la mano que lo sostenía y los ojos que lo miraban, eran la punta de un hilo largo. Era ese punto suelto que desteje el buzo. Y si se desteje el buzo se desnudan los ojos. Y con ellos la camisa, el pantalón y los zapatos, brillantes.