Escapé, corrí, me escondí. Intentaba librarme de ese destino conocido, de esos tropezones. Quise evitar el camino que tomaron, corregir sus errores, como una suerte de borrador que se pasa en limpio. Ser la renovación de sus oportunidades. Pero sobre todo, no hacer, no ser igual.
Y conforme pasa el tiempo, la bestia de la que huía queda atrás, y la veo un poco mejor. Y logro ver que no es la misma bestia obscura que los persigue a ellos. Y logro ver que escapaba de un fantasma más que de una realidad. Y logro ver que a diario todo lo que hacia era alimentarlo para que sea animal.
Pero mi vida es otra. Era otra entonces y seguirá siéndolo eternamente, en la vida, en la muerte, en el pasado, y en el recuerdo, que nos queda a nosotros, y que dejaremos atrás, a todos ellos.
Porque no supe ver que las diferencias eran vitales, y las similitudes casuales. Porque no escuche mis latidos correr al ritmo de una canción nueva, lo oí zapatear los mismos berretines. Y no me detuve a oír que se había detenido, y no me di cuenta de que me quitaba la respiración con mis propias manos, y no pude ver que mi vida es mía, y puede ser buena. Y lo era.
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