como todo lo que imagino, había decidido dejar atrás todo eso, todo lo que me molestaba, todo lo que me hacía mal, todo lo que de todos modos había pasado, y no había como deshacer...
pero como siempre, esta bendita tecnología cagadora de vidas volvió a cachetearme y recordármelo.
ahí estábamos, yo y la pantallita.
ahí estaba la pantallita de colores.
ahí estaban los colores que no quería ver...
pero eran reales. así que los vi, los miré, y decidí guardarlos, de puro masoquista no más, llorar hasta el ahogo, pedir por ayuda, negarme a recibirla y seguir llorando. hasta que se me pase. y vuelva a llorar.
A veces se siente tal desilución.
ResponderBorrarSufrir, ya es opcional.
Un rato masoquearse no está bien.
No hay tiempo.
Y sin embargo o gracias a,
este texto me empapó los pensamientos.
Un abrazo, Tonta.
Le ofrezco un rincón chiquitito de nuevos colores, si se copa.
Nicous
Siemrpe tengo una esperanza para retransmitir.