sábado, 12 de diciembre de 2015

back to black

No sé empezar esto.
Otra vez el canto rodado y otra vez la pata de un elefante. Otra vez vacío.

Enojo.

Siento estar perdiendo el volante otra vez. Voy en un camión que va muy rápido sobre un acantilado, es una noche sin luna y los faros no alcanzan a mostrarme el camino. Voy, no lo manejo. Voy hacia el borde, y no lo puedo evitar.

Tengo miedo de caer de nuevo. no estoy entendiendo lo que pasa. Parece una pista llena de zombies, luces que parpadean y no dejan ver. Yo camino a los tumbos hacia no se dónde. Siento un calor que me derrite. Es posible que tropiece, o choque, o caiga.

Todo sonido es ruido, todo silencio un zumbido insoportable. Patalea la pequeña yo, caprichosa... ¡no sé que pasa!

Quiero un ventilador y un cuerpo. Quiero un abrazo y una carcajada que no quiere salir. Quiero.

Patalea la pequeña yo, caprichosa... ¡Mirame! ¡Escuchame! ¡Yo! ¡Quiero tu atención!

Cambio el disfraz y tristeza... mis emociones van a borde de una montaña rusa subterránea. Llena de telas de araña, barro, humedad y podredumbre.

Quiero aceptación de nuevo. Quiero gritar bajito. Quiero correr, que alguien lo haga por mi, por favor. Lloro en seco y el canto rodado se ahoga, y no le importa porque es una piedra maldita y caprichosa, soberbia.

Y un poco de tinta, no se cómo, lo resuelve todo.

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