martes, 29 de septiembre de 2015

figurita repetida

-"Basta, no me cuentes más. No quiero escuchar"
Ahí estaba, sentada en una puerta cualquiera de una casa cualquiera, mirando los adoquines, una noche de esas previas al verano. Mientras escuchaba que le gustaba, le contaba como a mi me gustaba otro, y como le gustaba a otros más.
Me fui sonriendo, no se si de felicidad. Era más como una situación cómica, un poco nostálgica. Fué como estar en otro tiempo por un rato, cuando yo era otra; como recordarme a mi misma y mi insistencia en las situaciones absurdas. Cuando pasaron las horas (quizás tantas que se volvieron días) recordé otra vez esa confusión desagradable e hilarante, esas ganas de que esas conversaciones tan absurdas no hayan existido, con una vergüenza infantil que pone las mejillas rosadas y me hace reir por sonza, por adolescente. Es una sensación conocida, que en otro tiempo me hubiera perturbado, y hoy se vuelve tragicómica:
-"Lo estás haciendo de nuevo" miro para abajo, sacudo la cabeza, me muerdo el labio inferior y me tapo los ojos. Levanto mirada, exhalo, me río, me resigno con las manos en los bolsillos. Lo repito indefinidamente hasta llegar a casa.
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-"Basta, no me cuentes más. No quiero escuchar"
No es para menos, le contaba que lo había dejado ir aunque me hiciera sentir bien. Él me quería convencer de que me haría sentir mejor.
-"No querés al que te quiere y querés al que no te quiere, es así"
Cuando pasaron las horas (quizás tantas que se volvieron días) sentí que estaba haciendo las cosas mal. Sentí que estaba cansada. Sentí.

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