Abro los ojos, extenuada, y te veo acostado debajo de mi (o arriba, o enredado, o donde hayamos quedado) y te estás sonriendo, pícaro, y no entiendo nada ¿Dónde está la bestia sudada con la que compartía cama? (o sillón, o pasto, o donde hayamos quedado). Está ahí sonriendo en su traje de pibe sereno, atento y un poco serio.
¿Cómo me hizo todo esto? Porque esperaba que fuera un poco diferente: que al menos me igualara en altura, tuviera una voz que me ponga a vibrar el diafragma y me ignore la mayoría del tiempo. Pero no. Sólo me hace reír, me calienta con un emoticón y se duerme acariciándome. Se suponía que fuera un flash, que me vuele la cabeza en 10 minutos y el calor de un rayo nos fusionara irremediablemente. Pero solamente parecía un pibe normal que me cayó bien... Cada vez mejor... Y así hasta ahora.
Esto no es una declaración de amor grabada en piedra, no es la transcripción de un sentimiento inabarcable. Es lo que pensé sobre lo que siento mientras me duchaba, y no te puedo decir porque es la mitad cursi, la mitad insultante y completamente incorrecto.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario