miércoles, 5 de septiembre de 2018

en el piso (recién lustrado)

Hoy, 15 años después, pensé de nuevo en saltar. Bueno, hace 15 años no pensaba en saltar porque no conocía el piso 28, que no tiene barandas.
Me detuvieron los restos de sangre y carne pegados en el piso, el mal rato que iba a pasar la gente entrando a trabajar y que alguien iba a tener que limpiar eso.

Tan grave no es... Todavía me baño, limpio mi casa, como, y me río pila. Eso no es depresión, todo el mundo lo sabe. Hasta agarro la guitarra algunas noches. Voy a trabajar todos los días, casi no llego tarde. Me enojo algunas veces por nimiedades, pero porque soy una loca de mierda, infantil y malenseñada.

Lo que me hace falta es una buena pija que me saque todas las pavadas, dicen. Yo diría lo mismo si no supiera que ni ganas tengo.

El invierno siempre pega mal. Acá está saliendo el sol cada vez más seguido y yo no puedo poner un pie adelante del otro para ponerme bajo su saludable radiación.

Pero no es depresión, si hago chistes con esto y salgo a bailar maquillada. Solo quiero llamar la atención.

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