sábado, 3 de marzo de 2012

infancia

De niña el cántico "los argentinos son todos putos", popularizado en las canchas, formó parte de la cotidianidad de mi vida en las aulas, a partir de aquel tortuoso 5º año. Mudarse de casa, de ciudad, de país a los diez años no es fácil. Mi hermano la tuvo diferente, él nació acá, y aunque su formación inicial también había sido al ritmo de "Alta en el cielo, un águila guerrera", su documento le acreditaba ventajas de local.
Como si fuera poco, no me tocó integrarme. Y digo "no me tocó", porque, responder sin dificultad a las interrogantes de la maestra, no es algo que una elija. No me la doy de brillante, tenía diez años.
Inteligente, importada, tímida, amigos de la escuela, no me hice, y me resultan ajenas amistades de tal calibre y antigüedad.

Hoy en la calle, una nena corría. Su desproporcionada madre le gritó:
-"¡Vení acá!, ¿No te das cuenta de que no están jugando con vos? ¡Estás correndo atrás de las bicicletas y ni pelota que te dan! ¡Vení, sentate acá!"
Mas adelante otras dos paseaban en bici, claro.


4 comentarios:

  1. mirá vos...entonces sos de las mujeres más codiciadas del planeta!!!!
    ya me parecía, sí sí.
    Que te cuiden bien eh????
    No te dejés currar, ni engañar ni un carajo.
    Vos valés lo que vale la delantera Cavani-Forlán-Suárez.
    Y con esas piernas...
    10 veces más, todavía.
    Vamo arriba bo.

    Y decime...a veces... volvés?

    Nicus

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